Mirando hoy algo que ha escrito una amiga he vuelto a pensar en una cuestión que me intriga y me indigna a la vez: los roles de cada sexo en esta sociedad.
Resulta que ya desde el primer momento en el que nacemos, las niñas hemos de ser princesas y los niños militares, superhéroes, o cualquier otra cosa que no deje en duda su masculinidad. Nada más nacer la ropa de las niñas es rosa, la de los niños azul. A eso de los tres años, sino antes, ya los reyes traen juguetes diferentes dependiendo del sexo, abundan las Barbies y mochos de plástico por un lado y los camiones o pistolas de juguete por el otro. Luego, conforme vamos creciendo ésas diferencias van accentuándose cada vez un poco más hasta dar lugar a una mujer estereotipada, preocupada en exceso por su imagen, haciendo mil y una dietas milagrosas para perder ésos incómodos kilos de mas en las caderas, una mujer que ha de ser buena madre y buena esposa. Por otro lado está el estereotipo masculino de hombre viril, al que le gustan el fútbol y la cerveza, se reúne con los amigos en el bar los domingos y, lo más importante de todo sea el que "lleva los pantalones" en la casa y ejerza su autoridad, pasando a un plano mucho más discreto el ser buen padre y buen marido. Por suerte, yo creo que para todos y todas ésto hace años que empezó a canviar hacia unos roles mucho más equitativos.
Con todo y con éso se me hace un nudo en el pecho al ver que a las niñas se les siguen poniendo a todas horas esas películas de princesas tan rosas e idílicas en las que el mensaje principal es que la mujer solo se sentirá feliz y realizda cuándo encuentre a su valiente, atractivo, forzudo y por qué no decirlo, de pocas luces, príncipe azul. Mientras éste no aparezca la princesita se verá fregando suelos a todas horas, siendo engañada por pérfidas madrastras que se aprovechan de su inocencia, subyugada a la autoridad paterna, presa de un horrible maleficio o simplemente pasará las horas suspirando a la luna llena. Ella no se ha de preocupar de conseguir nada por sí misma, todo se arregla cuando se encuentra al príncipe.
Por si fuera poco, no es solo una visión machista la que dan de la mujer, sino que también inculcan en las niñas y niños una visión materialista y clasista de la sociedad. La protagonista de la película no suele ser una chica de clase obrera o una campesina, que pueden ser también guapas y fantásticas. No, la protagonista es una princesa, que vive en su castillo o palacio rodeada de lujos y alejada de la realidad. Sus pensamientos suelen versar sobreel antes mencionado príncipe, dueño de numerosas tierras, o en todos los vestidos y adornos que se ha de comprar para el próximo baile de gala. Tan ocupada en todos estos asuntos, es normal que la princesita no se pare a pensar en cosas como por qué es que su familia tiene un castillo, tierras, caballos, sirvientes y millones de riquezas, mientras que todos los campesinos de los alrededores son tan pobres que apenas tienen para comer. Se limita a darle una moneda de oro a un mendigo cuando bajan al pueblo y queda la mar de bien. Los pobres son pobres por que si, pero yo soy una princesa, y lo seré siempre, y éso es lo importante. Todas éstas cosas están muy alejadas de las niñas de hoy, pero estas películas son un mensaje subliminal que se queda en el subconsciente. No hay mejor manera de tener controlados a los pobres que hacerles querer imitar las costumbres de los ricos, pensando que así obtendrán la felicidad.
Sé que este tema es mucho más amplio, pero la cuestión es que la igualdad, en todos los aspectos, es un valor que se nos ha de enseñar desde niños. Así pues, basta ya de princesas machistas, clasistas, endiosadas, superficiales y fundamentalmente estúpidas.
Resulta que ya desde el primer momento en el que nacemos, las niñas hemos de ser princesas y los niños militares, superhéroes, o cualquier otra cosa que no deje en duda su masculinidad. Nada más nacer la ropa de las niñas es rosa, la de los niños azul. A eso de los tres años, sino antes, ya los reyes traen juguetes diferentes dependiendo del sexo, abundan las Barbies y mochos de plástico por un lado y los camiones o pistolas de juguete por el otro. Luego, conforme vamos creciendo ésas diferencias van accentuándose cada vez un poco más hasta dar lugar a una mujer estereotipada, preocupada en exceso por su imagen, haciendo mil y una dietas milagrosas para perder ésos incómodos kilos de mas en las caderas, una mujer que ha de ser buena madre y buena esposa. Por otro lado está el estereotipo masculino de hombre viril, al que le gustan el fútbol y la cerveza, se reúne con los amigos en el bar los domingos y, lo más importante de todo sea el que "lleva los pantalones" en la casa y ejerza su autoridad, pasando a un plano mucho más discreto el ser buen padre y buen marido. Por suerte, yo creo que para todos y todas ésto hace años que empezó a canviar hacia unos roles mucho más equitativos.
Con todo y con éso se me hace un nudo en el pecho al ver que a las niñas se les siguen poniendo a todas horas esas películas de princesas tan rosas e idílicas en las que el mensaje principal es que la mujer solo se sentirá feliz y realizda cuándo encuentre a su valiente, atractivo, forzudo y por qué no decirlo, de pocas luces, príncipe azul. Mientras éste no aparezca la princesita se verá fregando suelos a todas horas, siendo engañada por pérfidas madrastras que se aprovechan de su inocencia, subyugada a la autoridad paterna, presa de un horrible maleficio o simplemente pasará las horas suspirando a la luna llena. Ella no se ha de preocupar de conseguir nada por sí misma, todo se arregla cuando se encuentra al príncipe.
Por si fuera poco, no es solo una visión machista la que dan de la mujer, sino que también inculcan en las niñas y niños una visión materialista y clasista de la sociedad. La protagonista de la película no suele ser una chica de clase obrera o una campesina, que pueden ser también guapas y fantásticas. No, la protagonista es una princesa, que vive en su castillo o palacio rodeada de lujos y alejada de la realidad. Sus pensamientos suelen versar sobreel antes mencionado príncipe, dueño de numerosas tierras, o en todos los vestidos y adornos que se ha de comprar para el próximo baile de gala. Tan ocupada en todos estos asuntos, es normal que la princesita no se pare a pensar en cosas como por qué es que su familia tiene un castillo, tierras, caballos, sirvientes y millones de riquezas, mientras que todos los campesinos de los alrededores son tan pobres que apenas tienen para comer. Se limita a darle una moneda de oro a un mendigo cuando bajan al pueblo y queda la mar de bien. Los pobres son pobres por que si, pero yo soy una princesa, y lo seré siempre, y éso es lo importante. Todas éstas cosas están muy alejadas de las niñas de hoy, pero estas películas son un mensaje subliminal que se queda en el subconsciente. No hay mejor manera de tener controlados a los pobres que hacerles querer imitar las costumbres de los ricos, pensando que así obtendrán la felicidad.
Sé que este tema es mucho más amplio, pero la cuestión es que la igualdad, en todos los aspectos, es un valor que se nos ha de enseñar desde niños. Así pues, basta ya de princesas machistas, clasistas, endiosadas, superficiales y fundamentalmente estúpidas.