¿Puede una ofensa ser tan grande que el odio por ésta dure toda una vida?
¿Puede un corazón roto resucitar recompuesto para tender un abrazo en pos de amistad?
Mi respuesta es sí. Eso es y puede ser. Y lo mejor de todo hoy ha sido.
En la vida hay situaciones que nos desbordan y nos inundan de dudas, miedos, odios e iras. Estas situaciones son las que nos ponen a prueba, las que nos demuestran como de grande es nuestro corazón y como de grande es nuestra capacidad de amar, comprender, y lo más dificil de todo, perdonar.
Puede sonar muy mísitico lo que he dicho, pero es así, cuando la gente perdona con el corazón u perdona porque es lo que le sale del alma está dando y negando un mal que se ha hecho. La gente que tiene el DON de perdonar cualquier ofensa tiene un corazón digno del más elevado de los budas y santos. Quizás muchos piensan que el perdón es una forma de debilidad, pero esa una farsa, ya que el perdonar implica luchar cara a cara contra el peor de los males, el que se ha cometido y existe y el que no se puede evitar. Perdonar es mirar hacia dentro de uno mismo y decir que no importa, que tú eres superior a ese mal y que puedes sortear ese obstáculo o destruirlo a antojo.
El perdón es algo mágico, quien lo recibe de corazón ha de considerarse tan afortunado como el hombre que es correspondido por su amor verdadero.
Gracias al inventor de las lenguas por crear una palabra tan magnífica.
Gracias.
Dedicado a Jennifer Silvente: perdonada.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario